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miércoles, 24 de octubre de 2012

Dos años después, Gdeim Izik sigue vivo


EN OCTUBRE de 2010 más de veinte mil saharauis que vivían en los territorios ilegalmente ocupados por Marruecos en el Sahara Occidental levantaron un campamento de miles de jaimas (tienda tradicional de los saharauis) a las afueras de El Aaiún, en Gdeim Izik.

Levantando este singular campamento, también conocido como el campamento de la dignidad, exigían una mejora en sus condiciones de vida, el fin del saqueo de los recursos naturales del Sahara que lleva a cabo el ocupante marroquí con la cooperación de empresas extranjeras, entre ellas muchas españolas, y que se pusiera fin al bárbaro régimen de ocupación, con el pleno respeto a los derechos humanos de la población saharaui, y entre estos derechos fundamentalmente, el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro, el derecho a la autodeterminación, el derecho a la independencia.

Fueron 28 días que asombraron al mundo por la capacidad de resistencia de la población saharaui, por la extraordinaria organización que crearon, auténtico embrión de un Estado democrático, y, también hay que decirlo, por el feroz bloqueo y la brutalidad de la represión que usó Marruecos, que llegó a ametrallar a los civiles que pretendían acceder a la patria de las jaimas, a Gdeim Izik. El precio fue la vida del niño Nayem el Gareh y las heridas de muchos otros.

Entre otras iniciativas los saharauis constituyeron una coordinadora para organizar el campamento y negociar con los ocupantes, compuesta por personas elegidas directamente en las multitudinarias asambleas que dirigían día a día el campamento.

El 8 de noviembre, el gobierno marroquí, tras consultar y recibir el apoyo de, entre otros, el gobierno español de entonces, las fuerzas de ocupación lanzaron una ofensiva usando tropas, helicópteros y vehículos que lanzaban agua hirviente. Destrozaron las jaimas, hirieron a centenares y asesinaron a cuatro saharauis, entre ellos uno con pasaporte español.

El Aaiún y todos los territorios ocupados ardieron durante días como consecuencia del levantamiento generalizado de la población saharaui. El grito de Gdeim Izik saltó las fronteras del Sahara y fue el auténtico detonante de la Primavera Árabe.

Desde esas fechas las protestas de la población saharaui en los territorios ocupados han sido incesantes. En Dajla, Bojador, Smara o El Aaiún están siendo constantes los actos de protesta contra la ocupación, exigiendo el respeto de los derechos humanos, demandando el derecho de autodeterminación que les corresponde por no haberse terminado el proceso de descolonización, tal y como ha reconocido la ONU desde mediados de los años sesenta del siglo pasado en decenas de resoluciones.

La respuesta del régimen marroquí es invariable: represión, torturas, desapariciones de presos, violaciones, allanamiento de viviendas, destrucción de propiedades de los saharauis y una farsa de juicios en los que se condena a largos años en las cárceles marroquíes a quienes con su valiente actitud demuestran al mundo que el pueblo saharaui no renuncia a ninguno de sus derechos.

Ese empecinamiento de Marruecos en negar el derecho de autodeterminación al Sahara Occidental solo sirve para prolongar el sufrimiento y está provocando un creciente aislamiento internacional de su régimen, como quedó patente en las visitas de comisiones de derechos humanos de reconocidas ONG el pasado mes de agosto, o la del relator contra la tortura de Naciones Unidas en septiembre de este año, o de comisionados de las embajadas de Estados Unidos o el Reino Unido en fechas más recientes.
Ante esta evidente pérdida de posiciones el régimen marroquí responde, pretendiendo sacar pecho, con una serie de juicios contra los activistas saharauis en los que se están endureciendo las condenas de cárcel, en los que se desprecian las pruebas de tortura presentadas por las defensas de los presos políticos saharauis y se somete a los observadores internacionales a todo tipo de vejaciones

El 24 de octubre Marruecos pretende llevar a cabo una nueva farsa, esta vez en el tribunal militar de Rabat. La causa es contra los presos políticos de Gdeim Izik, prisioneros desde hace casi dos años en la siniestra cárcel de Salé 2, tras haber pasado por periodos de desaparición forzada muchos de ellos y estar sometidos a condiciones de hacinamiento inhumano y a un trato degradante que les ha llevado a realizar varias huelgas de hambre.

La solidaridad internacional con la causa saharaui, entre ella la canaria, está denunciando esta situación y enviará observadores a esa burla a la justicia que se pretende perpetrar el próximo 24 contra un grupo de 24 activistas saharauis.

España sigue siendo responsable de llevar a término la descolonización del Sahara Occidental, tiene la obligación de garantizar los derechos humanos de la población saharaui hasta que se produzca esa descolonización. Por eso la presión de España puede ser determinante para que este conflicto termine. No es suficiente con que el ministro español de Asuntos Exteriores afirme su compromiso con las resoluciones de las Naciones Unidas y el respeto a los derechos humanos ante el Parlamento Español y se someta a los intereses marroquíes ante el monarca feudal en Rabat, como quedó patente en la reciente visita de Rajoy a Marruecos.

Exigir la libertad de los presos políticos saharauis de Gdeim Izik y de todas las presas y presos políticos saharauis, reclamar el fin de los juicios-farsa del régimen marroquí contra las y los militantes saharauis, requerir que se aclare el destino de los desaparecidos saharauis, demandar el fin del expolio de los recursos naturales del Sahara Occidental, apoyar el derecho de autodeterminación del Sahara Occidental es impulsar la causa de la paz, la justicia y la libertad. En ese compromiso estamos y a él llamamos que se sumen todas las personas de buena voluntad.

*De la Plataforma de Tenerife de Apoyo al Pueblo Saharaui
http://eldia.es/2012-10-23/INTERNACIONAL/4-Dos-anos-despues-Gdeim-Izik-sigue-vivo.htm

domingo, 20 de febrero de 2011

EL GRITO DE EL AAIÚN ESTÁ AVANZANDO

EL 8 DE NOVIEMBRE de 2010 las fuerzas militares y policiales marroquíes, que mantienen la ocupación y opresión en Sáhara Occidental, desmantelaban con una desmedida ferocidad el Campamento de la Dignidad, que, como una muestra más del valor y persistencia en la lucha por sus derechos que caracteriza al pueblo saharaui, se alzaba con sus miles de frágiles haimas desafiando la brutalidad del ocupante y la indiferencia de la llamada comunidad internacional.

A pocos meses, vista la trascendencia de ese acto de rebeldía, valentía y dignidad, adquiere un valor aún mayor. No es exagerado señalarlo como un grito que no solo pidió justicia y libertad para el pueblo saharaui, sino que avivó la conciencia de los pueblos del Magreb y les hizo comprender que no hay gobierno, por poderoso que aparezca, que pueda mantener eternamente humillado a su pueblo.

De El Aaiún a Túnez, de ahí a Egipto; y de ahí la marea de pueblos que reclama respeto a sus derechos como seres humanos, a la libertad y a la justicia social se extiende augurando el fin de unos regímenes que han contado con la vergonzosa complacencia, con el más descarado de los apoyos, de las potencias occidentales, entre ellas la Unión Europea, que, tras usarlos como peones, han descubierto repentinamente su carácter dictatorial.

Hoy, 20 de febrero de 2011, está convocado el pueblo marroquí a las calles y plazas a manifestarse contra la asfixiante situación de miseria y falta de respeto a los derechos humanos en que los tiene sumido el corrupto régimen de Mohammed VI.

Lo que empezó como una iniciativa de unos jóvenes a través de internet promete ser un paso trascendental del pueblo marroquí frente a un régimen que sigue siendo el reino de la arbitrariedad, una monarquía absoluta en la que el soberano es el verdadero jefe del Ejecutivo. Y donde el resultado de las elecciones lo determina, en última instancia, la Corona, que nombra además "a dedo" a los principales ministros, llamados ministros de soberanía.

Marruecos sigue siendo un país feudal en el que unas decenas de familias, casi todas cercanas al trono, controlan -merced a la herencia, el nepotismo, la corrupción, la cleptocracia y la represión- las principales riquezas del país, compartiéndolas con las compañías extranjeras que participan de los beneficios de mantener a un pueblo sometido con los más brutales métodos represivos.

Es a ese régimen brutal y de miseria para las mayorías al que, vergonzosamente, apoyan y pretenden presentar como modelo de democracia el Gobierno español y los dirigentes del PSOE.

Lo hicieron cuando colaboraron en la expulsión de su propia tierra de Aminetu Haidar; cuando justificaron la agresión de la Policía a los activistas canarios que pusieron en la agenda de los medios de comunicación la insostenible situación del Sáhara con su valerosa acción de fines de agosto en El Aaiún; cuando aceptaron el bloqueo informativo y la expulsión de periodistas que informaban del campamento de Gdeim Izik; cuando dieron el "placet" al desmantelamiento del campamento; cuando se han negado a investigar el asesinato de Babi Hamadi, ciudadano español, en ese desmantelamiento.

El gobierno español, el PSOE, sigue apoyando a Mohamed VI y su régimen cuando despliega toda su capacidad diplomática para apoyar el plan de definitiva anexión de los territorios del Sáhara Occidental por Marruecos tras la farsa de una autonomía imposible; cuando presiona en la UE para que se prorrogue un acuerdo pesquero con el que se saquean los recursos naturales del Sáhara Occidental para beneficio de unos armadores e industrias transformadoras sin escrúpulos y de la cohorte de comisionistas marroquíes. El PSOE une su destino al del sátrapa de Rabat cuando se niega a hablar con el F. Polisario sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

El pueblo saharaui apoya al pueblo marroquí en su lucha por la libertad y la justicia como pueblo vecino, con el que históricamente ha manifestado no tener ningún conflicto, pues la causa de la paz, la justicia y la libertad para el Sáhara Occidental tiene como enemigo no al pueblo marroquí, sino al corrupto régimen del monarca marroquí y su inmediato círculo de beneficiados, lo que se suele llamar El Majzén.

La Plataforma de Apoyo al Pueblo Saharaui saluda también esta llamada al pueblo marroquí para conquistar la libertad y la justicia social, pues para Canarias nada sería más beneficioso en nuestro entorno que la desaparición de un régimen como el marroquí, que no solo oprime a su pueblo y mantiene la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, sino que también es un factor de inestabilidad en la región y que, con su afán expansionista, pone en riesgo un futuro de paz para los pueblos que estamos llamados a convivir en el Noroeste del continente africano.

La llamarada de libertad que se inició a orillas del Atlántico en El Aaiún, tras haber prendido en las antorchas libertarias del Magreb, regresa para recorrer las calles y plazas de Marruecos. Buenos tiempos para los pueblos, ¡que tiemblen los tiranos y quienes les apoyan! ¡El grito de El Aaiún está avanzando!
Loly Padrón

* De la Plataforma Canaria de Apoyo al Pueblo Saharaui


Fuente:
http://www.eldia.es/2011-02-20/INTERNACIONAL/2-grito-Aaiun-esta-avanzando.htm